Razono la locura
del viento en mis pulmones,
del mundo en tu cintura,
de las generaciones
que están por llegar.
La triste arquitectura
del tiempo, las pasiones
sobre la envergadura
del alma que dispone
su vuelo al azar.
El niño que se pierde en mis facciones
y de mi estatura no puede bajar.
El muerto que se oculta en mis canciones
y en la noche oscura me viene a cantar.
Me diste la figura
temida de mí mismo,
el vértigo en la altura,
la luz en el abismo,
el sueño del par.
La frágil levadura
del pan del optimismo,
la voz de la ternura
que vence al egoísmo,
el sol del hogar.
Y el niño que se pierde en mis facciones
en tu luz segura encuentra lugar.
Y el muerto que se oculta en mis canciones
por tu voz se cura, se puede curar.